Sopladores AERZEN ayudan a limpiar el Río Matanza Riachuelo

La producción de cuero es un motor importante en la economía argentina, especialmente en Lanús, Buenos Aires. Pero mientras las curtiembres prosperan, el río Matanza Riachuelo ha batallado por décadas. El mismo es uno de los más contaminados del mundo, en gran parte debido a los efluentes de las curtiembres.

Afortunadamente, uno de los proyectos más esperados, Parque Industrial Curtidor (PIC), se propuso cambiar eso. El centro industrial se está construyendo alrededor de 30 curtiembres y proporcionará alojamiento para otras cuando esté terminado. El principal beneficio del PIC será una gran planta de tratamiento de aguas residuales industriales (PTAR) diseñada específicamente para procesar efluentes de curtiembres. Utiliza tecnología de punta para tratar los desechos particularmente tóxicos, incluyendo turbosopladores de bajo consumo que mantendrán bajos los costos y reducirán aún más el impacto ambiental de la región.

La necesidad de un cambio

La cuenca del Matanza-Riachuelo alberga a más de 4,5 millones de personas y numerosas actividades industriales, incluidas más de 60 curtiembres. Muchas de estas, son pequeñas o medianas empresas que operan con márgenes ajustados. Esto significa que la mayoría no puede permitirse invertir en ningún tipo de tratamiento de efluentes. Como resultado, durante décadas, estas y otras empresas han vertido millones de galones de aguas residuales sin tratar, directamente al río.

El proceso de curtido transforma la piel animal en cuero. Las pieles, luego de ser limpiadas de sus grasas, carnes y cabellos o lanas, son sometidas a diferentes agentes químicos que interactúan con las fibras de colágeno para crear un cuero estable y duradero. Los efluentes de las curtiembres son conocidos por sus altos niveles de contaminantes peligrosos. Esto incluye metales pesados, como plomo, níquel, zinc, cobre y cromo, así como una variedad de sales, sulfuros y ácidos sulfúricos. También contiene grandes cantidades de sólidos orgánicos.

Como resultado, el río es uno de los más contaminados del mundo. El agua está plagada de niveles poco saludables de metales pesados, toxinas, bacterias y más. Las personas que viven más cerca del río sufren altas tasas de cáncer, enfermedades pulmonares y enfermedades gastrointestinales.

Una iniciativa impulsada por la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR) y financiada por el Banco Mundial busca acabar con la contaminación en el río al habilitar un parque industrial de 27.000 m2 dedicado a la reubicación de estos negocios, que estaría centrado en una planta de tratamiento especializada. El proyecto comenzó en 2009, pero los desafíos políticos y logísticos provocaron numerosos retrasos. La construcción está actualmente en marcha y se espera que la planta esté terminada a mediados de 2023.

La tecnología central de la planta del proyecto PIC es el reactor de biofilm de lecho móvil (MBBR). Esta tecnología tiene una huella mucho más pequeña que los sistemas tradicionales de lodos activados. La planta también utilizará hidróxido de sodio para precipitar y eliminar cromo y oxidación catalítica para reducir los sulfuros.

Ecopreneur, una empresa argentina de tratamiento de aguas residuales, diseñó la ingeniería del proceso de tratamiento de PIC y seleccionó la tecnología de Aerzen como piedra angular de los MBBR.

tratamiento de aguas

Reduciendo los costos de energía

El tratamiento de aguas residuales es un proceso intensivo en energía. Alrededor del 60 % al 70 % del consumo de energía está asociado con los sopladores, un componente clave de los MBBR. La PTAR de PIC requiere cinco sopladores de 400 hp para varios procesos. Para mantener bajos los costos y garantizar la menor huella de carbono posible, la planta instaló turbosopladores Aerzen AT400.

Estos sopladores de alta velocidad funcionan hasta a 25 000 rpm. La tecnología es entre un 20 % y un 25 % más eficiente, así como alrededor de un tercio del tamaño y peso de los sopladores de lóbulos. En comparación con los sopladores de lóbulos, el PIC ahorrará 3.398 megavatios-hora por año, equivalentes a aproximadamente 1.250 hogares. En total, reducirá las posibles emisiones de CO2 en unos 950.000 kg al año.

Además, los sopladores reducen los costos de mano de obra al realizar su propio mantenimiento preventivo y predictivo. Al medir parámetros como la presión de entrada, la presión de descarga, la temperatura, las RPM y el flujo, la computadora interna puede detectar desviaciones en el rendimiento que pueden indicar la necesidad de mantenimiento. Esto permite a los operadores adelantarse a cualquier problema potencial antes de que se apague el soplador.

Los sopladores también toman medidas de las condiciones dentro del MBBR. Luego, esa información se transmite al sistema SCADA, que ajusta la velocidad de los sopladores para garantizar que funcionen en los puntos de mayor eficiencia (BEP) y que se satisfaga la demanda química de oxígeno (DQO) para la digestión.

Próximos pasos

Una vez que la PTAR de PIC esté en funcionamiento, las 32 curtiembres restantes de la región deberán trasladarse al centro industrial. Las empresas, que probablemente no podrían costear sus propios sistemas de tratamiento internos, tendrán entonces acceso a tecnología de tratamiento de vanguardia, por la que pagarán una tarifa nominal por metro cúbico de efluente.

Pero este no es el final del viaje. Ya hay ideas sobre cómo expandir la PTAR para que pueda procesar efluentes industriales adicionales de otros negocios, ayudando aún más a reducir la contaminación y, en última instancia, recuperar el río Matanza Riachuelo. Se espera que algún día la región de la cuenca del río prospere tanto con la industria como con un medio ambiente limpio.

Para leer este artículo original en la revista digital Water Online puede hacer click aquí

¿Tiene alguna consulta o requerimiento?

Let´s talk!